Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Fue un poeta que sin ser un hombre del tango, se encuentra presente en el tango de diversas maneras.

Recorrió las calles y los barrios de Buenos Aires describiendo el escenario del arrabal y el sufrimiento de sus habitantes, dibujó con palabras a sus personajes y se hundió en el mundo íntimo de cada uno de ellos.

Sus versos recorrieron los cafés de Buenos Aires, hablando de payadores, cafetines, guitarras y cantores; guapos, funyi, alcohol y sangre, conventillos, comadres, solteronas, patio y parras.

Corresponde ubicar a Carriego en el mismo escenario de Buenos Aires que vivieron los protagonistas de la Guardia Vieja. Época añorada del tango, de mitos y leyendas, evocada en cientos de poemas y letras de tango, descripta por Carriego quien fuera su testigo directo.

Conocer las letras de Carriego es meterse en el alma del arrabal, en el corazón de la viejecita que espera resignada la consumición de su destino, en la soledad de la costurerita que dio el mal paso. En un Buenos Aires con personajes que tienden a perdurar en la memoria del tango como piedra basal. De ese Buenos Aires salen los guapos, los patios con glicinas, las luces del centro que encandilan, los amores tiernos, los tanos y los gallegos, los músicos orejeros, los cafés. Espacio y tiempo mágico de la ciudad, registrada por Carriego, fuente de inspiración para los grandes poetas del tango.

Llama la atención como recurrentemente Buenos Aires rescata de la memoria a nuestro poeta, sin dejar de mencionar a la influencia que ejerce en Manzi o Discépolo: Jorge Luis Borges lo trae presente en una obra que publica en 1930.

Como si Buenos Aires no pudiera dejarlo en el olvido Eduardo Oscar Rovira, bandoneonísta, compositor, director y arreglador, lo trae nuevamente a nuestra conciencia tanguera componiendo un excelente tango que inmortalizará nada menos que Osvaldo Pugliese (interpretado actualmente por las orquestas Color Tango y Forever Tango.)

”Evaristo Carriego” sigue como un contemporáneo de nuestro presente que desde la vieja Buenos Aires se empecina en no abandonarnos.

 

Nota publicada en Caras y Caretas el 16 de octubre de 1931

…“Perteneció Carriego a aquellos intelectuales idealistas de comienzos de este siglo que, como Leopoldo Lugones, José Ingenieros, Alfredo L. Palacios, Florencio Sánchez, Alberto Ghiraldo y otros, ponían su pluma o su palabra al servicio de nuevas doctrinas sociales. Conciliaban así la tendencia romántica de la generación anterior con la positivista, encarnada en los propagadores de los ideales de redención humana que trasuntan aquellas doctrinas.

Definida ya su vocación poética Carriego descendió con ella hasta el corazón mismo de los humildes, de los pobres, de los tristes, de los enfermos, y cantó sus miserias, sus angustias y sus dolores con sentida emoción de poeta y de hombre”…

CARAS Y CARETAS

La última colaboración del poeta, fue publicada en el número de “Caras y Caretas” del 20 de abril de 1912.

Rosendo Mendizábal,  inventor de la música eterna del El Entrerriano (1897) fallece en 1913, a dos años de la desaparición de Evaristo, es probable que Rosendo leyera los versos de Carriego que se publicaban en Caras y Caretas. Es probable que el poeta conociera sus tangos.

Algo similar debe haber sucedido con Ángel Villoldo, (1869-1919) figura emblemática de la Guardia Vieja, creador de El Choclo, El Porteñito y El Esquinazo, además de haber compuesto la letra de la Morocha, unos de los tangos más famosos y reiterados de la época.

Horacio Salas, en su libro El Tango, nos presenta a un Villodo que entre 1905 y 1913 también redactó postales costumbristas en las que recordó su antiguo oficio de tipógrafo en el diario La Nación. Su fama como payador y compositor comenzó hacia 1900, cuando decidió lucir sus habilidades en los cafetines de la Boca, los Corrales, San Telmo y en la Carpas de la Recoleta.

Muy popular y presente en los cafetines fué Eduardo Arolas, el Tigre del Bandoneón (1892-1929), quien comenzó tocando la guitarra de oído conformando tríos de efímera duración. Recién en 1906 aprende a interpretar el bandoneón y tres años más tarde compone Una Noche de Garufa., luego le seguiría una larga lista creando tangos como Marné, Comme il faut y La Cachila.

Es casi imposible que en sus rondas por Buenos Aires se haya perdido de escuchar un gran éxito que Ernesto Ponzio (1885-1934)  popularizó en 1905, El Pibe Ernesto presenta su tango Don Juan en el cabaret Mamita que también es muy aplaudido en lo Hansen y luego interpretado  por toda la ciudad. Anteriormente este tango se llamaba el Panzudo, dedicado a un tal Juan Cabello, un habitué de un restorant de Palermo. No sabemos si Carriego, el Panzudo y el Pibe Ernesto se cruzaron en alguna esquina, pero si es cierto que anduvieron, al mismo tiempo, por las mismas calles.

Augusto Berto (1889-1953) compone la Palanca en 1906

Agustín Bardí (1884-1941) en 1912 creo Vicentito dedicado a Greco (1886-1924) quien por entonces era muy conocido. Vicente Greco forma La Orquesta Típica en 1911.

Se abra perdido Evaristo de ver a Roberto Firpo (1884-1959) tocar en el Velódromo, quien recién hace su debut en el afamado local en 1913, pero seguramente las guitarras del barrio interpretaran sus conocidas melodías.

Para 1909 Pacho Maglio (1880-1934) ya se había fogueado en más de un café, de las cuales se ausentaba para hacer algunas escapadas en burdeles del interior. Hasta que arribo en “Ambos Mundos” sobre la calle Paraná casi esquina Corrientes.

Además de los citados anteriormente fueron coetaños a Evaristo Carriego

 

•          Al momento de su fallecimiento:

Carlos Gardel: con 21 años estaría ensayando con Panchito Martino.

Juan de Dios Filiberto: con 26 años todavía no había compuesto Caminito

Francisco Canaro: tenía 23 años y tocaba tangos por la Boca. Todavía no había comenzado su carrera de autor.

 

•          Jugaban a las bolitas:

Homero Manzi: 4 años

Osvaldo Pugliese: 6 años

Carlos Di Sarli: 7 años

Julio De Caro: 12 años.  Estudiaba en el conservatorio Fracassi.

Pedro Mafia: 12 años

Juan D’Arienzo: 11 años, andaría haciendo ruido con un violín de lata.

Alfredo Le Pera: 11 años

Enrique Santos Discépolo: 10 años

Mercedes Simone: 7 años

Francisco Fiorentino: 6 años

Ada Falcón: 6 años

Lucio Demare: 5 años

Enrique Delfino: 16 años

Libertad Lamarque: 13 años

Agustín Magaldi: 13 años

RicardoTanturi: 6 años

Orlando Goñi: 3 años

Angel Dagostino: 11 años

Edmundo Rivero: recién nacido tomaría la teta.

 

•          No habian nacido:

Hugo del Carril: 1912

Homero Expósito: 1918

Anibal Troilo: 1914

Astor Piazzolla: 1921

Roberto Goyeneche: 1926

Osmar Maderna: 1918

 

Nos cuenta José Gabriel

… un fenómeno curioso puede advertirse en el desarrollo de la música argentina. Originaria del campo, nuestra música se acerca a la ciudad, y aquí, con el contacto ciudadano, adquiere en seguida leves variaciones, manifiestas en los primitivos tangos milongas, de que son muestra cabal “La morocha” y “El porteñito”, popularísimos hace no más de doce años. Poco a poco, estas variaciones se acentúan hasta dar personalidad propia e inconfundible a una música ciudadana: el tango de hoy. El tango, a su vez, ya formado, desborda la ciudad y empieza a invadir el interior de la República.

Cosa parecida ha sucedido con la poesía nacional. Arranca del interior, se allega a la ciudad con Almafuerte (no importa que Almafuerte tronase contra la urbe; era la gran urbe extranjerizada, la que combatía, en nombre, precisamente, de una tradición nacional), y con Carriego da las primeras manifestaciones de ciudadanía.

Diez años después, Fernández Moreno – pleno ciudadano ya, más amplio que Carriego, que no alcanza a pasar de los arrabales – conquistará el campo argentino.

            Así como el tango definido, partiendo de la milonga se ha incorporado elementos porteños y extranjeros, la poesía de Carriego, entroncada en la corriente nativa, contiene también aportes extraños; pero, esencialmente, es la poesía humana, realista, simple, documento de un medio y de una época, que nos ofrece Martín Fierro.”

             He de advertir la gran tradición española que se encuentra presente en la obra de Carriego, en sus Misas Herejes se presenta al Don Quijote y a una aldea que bien pudo ser española. La relación entre el personaje español y los criollos de Juan Moreira (1880) y Martín Fierro (1872/79) será tal vez, la de asemejar un alma fuerte y de un corazón generoso al servicio de causas nobles. Propio y característico del romanticismo hispanoamericano.

 

La vida de Evaristo

Nació Evaristo Carriego, poeta de Buenos Aires, el día 7 de mayo de 1883, en la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos.

No puedo ser original al presentar los datos biográficos del poeta. Recurro al aporte y a la profunda investigación de José Gabriel quien nos familiariza con la sencilla vida que llevo Evaristo.

Nos cuenta que hasta 1887, Carriego permaneció en su ciudad natal. A los cuatro años de edad, la familia se trasladó a Buenos Aires. Residió dos meses aquí; luego por espacio de dos años, en La Plata, y por último, en 1889, se radicó definitivamente en la capital federal. Tenía entonces el chico seis años y fue enviado a la escuela primaria. Se mostró sumamente aplicado al estudio. Desde el comienzo, dio prueba de una memoria excepcional. Cuentan los suyos, que, a poco de iniciado en la escuela, vino a casa y se puso a leer de corrido las páginas de un texto escolar: las había aprendido de memoria, punto por punto, en una lectura de la maestra.

 La primera escuela a que concurrió, era particular: la de las señoritas Negri, conocidas educadoras argentinas. Cursó en ella los tres primeros grados; del tercero al sexto, estudió en la escuela pública Rodríguez Peña. Concluidos los estudios elementales, inició los secundarios; rindió hasta el tercer año, incluso, en el colegio nacional Sarmiento, entonces denominado colegio nacional Norte. Había mostrado afición por la carrera de las armas, y tentó el ingreso en el Colegio Militar; pero, examinado físicamente resultó corto de vista, por lo que no fue admitido en el instituto. Entonces, dejó todo estudio regular y se dedicó a vagar y a leer a discreción sin guía ni método.

 Por el momento, como puede verse, la vida de Carriego es de una simplicidad exterior absoluta. Su infancia, tuvo hogar, paz, letras y una gran franquicia familiar para tentar la realización de sus aspiraciones. Y así fue toda su vida, plácida exteriormente, sin objeto inmediato y sin motivos de voluntad. Hasta aquella gran capacidad mnemónica y aquella cortedad visual que había revelado de niño, fueron luego sus características más notables.

 Vivía a la sazón en la casita de Palermo que fue su atalaya espiritual más destacada y que todavía ocupan los suyos. El barrio – hoy modernizado, limpio, recogido, común, sin malevos ni conventillos -, era lo que el Maldonado actualmente: un suburbio miserable, destartalado, lleno de chicos y de roña, aunque, en realidad, no fue nunca exactamente el que nos pintó Carriego, que se parece mucho más al de la Boca. Carriego, alternaba sus lecturas con picarescas correrías por el barrio, en las que, según sus compañeros de entonces, nunca se mostró demasiado audaz. Espíritu esencialmente imaginativo, sentía las cosas con una intensidad que le impedía afrontarlas airosamente.

 Sus lecturas, eran casi exclusivamente literarias e históricas. De historia, le cautivaba la vida de napoleón, que conocía muy bien; en literatura, tenía marcadas preferencias por la poesía y la novela románticas. Nadie como Hugo, con su grandilocuencia verbal, para encender sus entusiasmos de adolescente; nadie como Dumas, con su habilidad en la intriga caballeresca, para satisfacer su exaltada imaginación. Y, tanto en historia como en literatura, le atraía particularmente todo lo que llevase un sello de heroísmo deslumbrante. Por eso amaba tanto a don Quijote, también, y por eso (aunque con un cierto dejo irónico que, por lo menos, salvaba la natural distancia entre uno y otro personaje) rememoraba con cariño a Juan Moreira. Todavía recuerdan sus hermanos lo dado que era a luchar y a canchar con ellos, queriendo imitar al gaucho diestro y corajudo. Por cierto que, a pesar de ser el mayor, era como el más debilucho, no siempre lograba vencerlos, y cuando no los vencía directamente, les hacía trampas.

 Debió empezar a escribir versos, de los diez y ocho a los veinte años. A los veinte, le vemos introducido ya en los círculos intelectuales de la capital. El primero que frecuentó, fue la redacción de La Protesta. “La Protesta” – dice Más y Pí, – era entonces no un diario anarquista, terrible y pavoroso, sino un simple diario de ideas, donde se hacía más literatura que anarquía.

A todos los concurrentes a su redacción (en esa época, libre de policías disfrazados de anarquistas), los unía, antes que una convención ideológica explícita, el supuesto de una comunidad de aspiraciones intelectuales y la actitud verbal rebelde (esa sí, común, sin duda alguna) ante la corrompida sociedad burguesa, que había que destruir. No era una doctrina política, claramente comprendida y acatada con toda responsabilidad, la que los movía: era un vago – y muy noble, es claro – sentimiento de justicia y de elevación, que de socialismo y anarquismo no tenía más que el nombre.

 Con veintiún años de edad, un afán socializante muy noble, Almafuerte por poeta supremo y Juan Más y Pí como amigo y camarada (pues desde ese mismo momento se hicieron muy amigos), vemos, pues, a Carriego incorporado al ambiente literario porteño, donde poco antes nadie conocía su nombre. Era la época de los cenáculos literarios en Buenos Aires. En cafés, en redacciones de periódicos, en viviendas particulares, en todos lados se formaban pequeños círculos de escritores, donde diariamente se fundaba alguna revista y se ejercitaba el ingenio en chistes de oportunidad. Carriego, se introdujo con gran facilidad en todos ellos. “Mientras lo demás (vuelve a hablar Más y Pí) se retraían o buscaban el natural encasillamiento de un grupo determinado, Carriego estaba en todos y vivía con todos. El café de los Inmortales, y el sótano del Royal Séller, la Brasileña y el Bar Luzio, le vieron asiduo concurrente. Frecuentó la redacción de La Nación y la de Última Hora. No desdeñó los grupos modestos de principiantes y fue acogido en los más altos. Puede decirse que nadie como él entró más fácilmente en todos los ambientes, nadie supo hacerse aceptar con mayor prontitud”.

 Más que sus versos, era su persona lo que así atraía. No faltan quienes conservan de él todavía una impresión poco grata. Y, en efecto, por momentos, especialmente en los corrillos de café, gustaba de hablar con cierta suficiencia de sí mismo, proclamando su talento, con lo que daba una sensación antipática de petulancia. Tal comportamiento, sin embargo, no era más que el resultado de momentáneas ofuscaciones suyas ante la incomprensión de los demás; era, por otro lado, el achaque inevitable en todas estas tertulias de literatos y periodistas, donde se juega a la burla y a la hipocresía y donde es necesario ser superficialmente chistoso, o se es pedante, so pena de pasar por poco. Cuando en el círculo o redacción se le recibía con franqueza, o cuando daba con el amigo dispuesto a escucharle con cariño, era modesto, humilde y de una ingenuidad infantil. Entonces, estaba en lo suyo y cautivaba.

 De 1904 a 1908, entrado ya de lleno en la vida literaria, publicó muchas composiciones poéticas en diarios y revistas, particularmente en Caras y Caretas cuyas páginas popularizaron pronto su nombre. Por el alma de don Quijote – la poesía que luego sirvió de inicial a Misas Herejes – da cuenta detallada de su espíritu en esta época. Aborrece hondamente el afán positivista del medio,

 Al mismo tiempo, se siente enojado por los poetas decadentistas y preciosistas, que, a pesar de haber iniciado ya su decadencia en la capital, todavía dominan sobre los demás, excepto sobre Almafuerte. Le enojan, en particular, porque los supone acaramelados, afeminados. En su sinceridad más íntima, era una mujercita, y no de otra manera podía haber llegado, como llegó, a sentir tan intensamente el dolor de los que sufren en silencio. En sus versos, los hombres sufren femeninamente, como sufre él mismo en su vida.

 Su vida, la empleaba en estos momentos en charlar, en escribir, en dormir…No tenía necesidad de trabajar para ganarse el sustento. Solía permanecer en cama hasta cerca del mediodía. Cuando, por casualidad, se levantaba más temprano, iba a pasear por los jardines de Palermo, donde más de una vez lo encontraba todo taciturno algún amigo. Cuando no, después de almorzar leía o escribía un rato; luego salía en dirección a la casa de algún compañero; por lo regular, a la de Más y Pí, “allá en la calle Suipacha y Cangallo – dice este último, – un tercer piso cuya terraza delantera nos permitía perder horas y horas en estática contemplación, discutiendo, algunas veces sobre todo lo existente, las más de ellas atendiendo yo los interminables monólogos de Carriego” . De regreso en su casa, en seguida de cenar tomaba la calle otra vez y volvía a visitar a un amigo o se metía en el café, donde se reunía con otros colegas. El café a que concurría con mayor asiduidad, era el de los Inmortales, nombre que le dio él mismo, según la crónica contemporánea de una revista ya muerta, Papel y Tinta. Allí, en un bullicioso corro de bohemios, ante una mesa con vacías tazas de café, permanecía horas y horas en charla continua y en un abandono absoluto del mundo exterior. Le gustaba recitar sus versos, lo que, dado el privilegio de su memoria, hacía sin tropiezo. A las tantas de la noche, dejaba el café y, casi siempre acompañado por alguno de los contertulios, a quien seguía recitando versos y más versos, tomaba camino de Palermo. Con algunas visitas dominicales al autor del Misionero, en La Plata, fue lo que hizo hasta su muerte.

  No tenemos registros de su vida amorosa, solamente a quedado en el recuerdo un episodio de una relación con una empleada temporera.

 La jovialidad con que en un principio le conocimos, en los últimos años de su vida fue cediendo notablemente a la melancolía y al retraimiento espiritual a que tampoco en los comienzos se había mostrado ajeno. Son los años en que canta dulcemente y resignadamente a todos los que sufren en silencio. Ha hecho a n lado el ademán descompuesto de su héroe favorito; ha podado su pluma de las estridencias románticas. Ahora, ni grita ni gesticula; ahora ni conoce a los hacedores del mal, ni le importan, sean ellos el prometido que, un buen día, sin saberse por qué, abandonó a la novia “con toda la ropa hecha”, o el “sin vergüenza que no la hizo caso después…”, o el padre que “grita, brutal, borracho – como siempre que vuelve de la cantina”, o, en fin, todos los que maltratan a Mamboretá por el barrio. Sólo ve, sólo busca al paciente, a “la muchacha que siempre anda triste”, a “la enferma que trajeron anoche”, al “hombre que tiene su secreto”, al “silencioso que va a la trastienda”, a los que, en torno a la mesa rezan

 

Los últimos días

             No fue Carriego un muchacho de físico fuerte. Su fuerza y energía residían en el corazón y en el pensamiento, de eso si le gustaba hacer gala. Su instrumento y arma eran la palabra. De apariencia endeble, siempre se había mostrado extremadamente enfermizo. En su casa, apenas se atrevían a darle malas noticias: al parecer tenía tendencia a deprimirse, o al menos a entristecerse. En sus últimos años, esta aprensión suya fue mucho más intensa, agravada aún con el fallecimiento de su padre, ocurrido poco antes del suyo. Parecía que sólo hallaba paliativo en las confidencias con sus amigos, que se procuraba cada vez con mayor afán. Uno de sus confidentes íntimos de estas horas, fue Marcelino del Mazo, a quien mucho se le debe de la memoria de Carriego.

 A fines de 1911, tuvo un ataque de apendicitis, que por entonces se atribuyó a una indisposición leve. El ataque, se renovó a mediados de 1912. El primero de octubre del mismo año, se sintió enfermo de la misma dolencia por tercera vez obligado a guardar reposo.  Fallece pocos días después, un 13 de octubre de 1912.

 

Sus Poemas.

En 1908, apareció su primer y único libro, Misas Herejes, cuyo contenido se conocía ya casi totalmente por las publicaciones en los periódicos.

De acuerdo a lo expresado por Conrado De Lucía  Carriego llamó “misas” a sus poesías, es decir, mensajes, envíos, y las calificó de “herejes”: apartadas de la recta opinión, anticipándose al rechazo de quienes pudieran no comprenderlas.

La crítica, le dispensó, en general, una acogida favorable; sobre todo, a causa de su aparente sentido realista y en oposición a las corrientes simbolistas que la poesía argentina había llevado hasta una exageración insoportable. Los amigos y admiradores, en crecido número, le ofrecieron un banquete de homenaje. Fue su consagración definitiva – e inmerecida, ciertamente, con ese mal libro – en nuestro medio intelectual y artístico.

Después de aparecido el libro, continuó publicando versos en las revistas. También hizo periodismo anónimo, alguna que otra vez. En un periódico, La Unión, de Rauch (prov. de Buenos Aires), publicó versos sátiros sobre la política local, y en la revista policial L.C., de aquí, unas décimas en lenguaje lunfardo, bajo el seudónimo de El Barretero.

 

A su muerte, se encontraron ordenados por su mano los materiales de otro, sin título, y una obra dramática en un acto y en prosa.

 

En cinco partes distintas se divide Misas Herejes: “Viejos sermones”, “Envíos”, “Ofertorios galantes”, “El alma del suburbio” y “Ritos en la sombra”, de acuerdo al orden de colocación que tienen en el libro.

Misas Herejes está conformada por once composiciones: El alma del suburbio, La viejecita, El guapo, Detrás del mostrador, El amasijo, En el barrio, De la aldea, Residuo de fábrica, La queja, La guitarra, y Los perros del barrio.

La edición completa de las poesías de Carriego comprende dos libros: Misas herejes, y La canción del barrio, titulado en el volumen Poemas Póstumos y subdividido en los siguiente capítulos: “La costurerita que dio aquel mal paso”, “Íntimas”, “Envíos”, “Leyendo a Dumas” e “Interior”.

La inclinación de Carriego en dar protagonismo a la mujer en sus letras es más que notoria. Él ha rendido al perenne mujeril un culto profundo. En sus letras Carriego, no tiene hombres. El motivo perpetuo de su canción, son las mujeres; mejor dicho: la mujer, figurada en el retrato tierno,  inofensivo, sufrido de la “costurerita que dio aquel mal paso”.

Carriego, nos presenta a esta mujer en situaciones distintas que, en el espacio y en el tiempo, no podrían coincidir en una misma persona; pero el fondo espiritual más íntimo de cada una de esas situaciones, es idéntico en todas, de modo que pueden tomarse como emanadas de una sola alma. Ese fondo, como digo, es un constante silencio quieto (permítaseme la expresión), una resignación eterna ante los azares de la vida, así como si se hubiese nacido únicamente para ser blanco ajetreado de la adversidad, sin oponer resistencia.

Su influencia en el Tango

José Gobello nos relata en su libro Breve Historia Crítica del Tango que en los poemas de El Alma del Suburbio del Libro Misas Herejes, se encuentran no menos de treinta elementos literarios que los letristas del Tango terminan por apropiarse, estos han sido identificados por Oscar Juan DÁngelo:

Organitos, Conventillos, Comadres, Cantinas, Presidiarios, Orilleros, Payadores,        Obreras, Guapos, Compadres, Alcohol, Tangos, Prisiones, Patios, Sangre,         Puchos, Guitarras, Gleba (terruño), Tísicas (tuberculosas, consumidas,     extenuadas), Cantores , Parras, Solteronas, Perros, Policias, Funyís, Cafetines,           Taconeos, Trucadas

De acuerdo a lo que pudimos inferir del presente trabajo y a los elementos aportados por los autores citados podemos apreciar que:

No hay antes de Carriego un poeta que describa a Buenos Aires y su gente del modo que él lo hiciera y que luego haya sido apropiado como temas motivantes por los letristas de Tango.

Existe en el espíritu tanguero una necesidad de recurrir al génesis como garantía de identidad y de autenticidad. El tango en sus comienzos está fuera de cualquier discusión, remitirse a su época es preservar la esencia del tango, los hombres que posteriormente se dedicaron al Tango hablan de los tiempos viejos como bastión. Mitos y leyendas giran alrededor de ellos. Carriego supo describirlos con realismo y sentimiento profundo, convirtiéndose el testigo calificado al cual se recurre para apreciar el pasado.

Los temas de Carriego son retomados luego por los más grandes letristas del tango, especialmente por Manzi y Discépolo, pero no como una apropiación personal, sino como género, el tango ya no se puede separar del arrabal, hablar de tango es hablar de Buenos Aires, de su gente, de sus calles, de sus barrios. En Tango es un refugio para el alma. En esencia el tango es una expresión artística de fusión, de naturaleza netamente urbana y raíz suburbana («arrabalero»), que responde al proceso histórico concreto del mestizaje biológico y cultural de la población rioplatense.

Para el tango el arrabal es la musa inspiradora, el lugar de pertenencia que no se debe abandonar, ni traicionar, ni olvidar. Por sobre todas las cosas, el tanguero es un hombre y una mujer «de barrio». En el lenguaje del tango, el arrabal y el centro componen dos polos opuestos: el arrabal, muchas veces unido indisolublemente a los amigos y a «la vieja», expresa lo verdadero y lo auténtico, en tanto que el centro suele expresar lo pasajero, «las luces» que encandilan, el fracaso.

El sentimiento de pertenencia al arrabal ha llevado al tango a construir culturas de barrio, a darles personalidad. El tango está indisolublemente ligado a la identidad de los barrios. La ciudad del tango es una ciudad vivida desde el arrabal.

 

Museo Casa de Evaristo Carriego. La Biblioteca. El hogar de los poetas.

La Biblioteca Carriego se especializa en poesía. En sus anaqueles hay libros de poesía argentina y extranjera, ensayos sobre poesía y libros que relatan la historia de Buenos Aires y del tango.

El edificio que alberga a la Biblioteca Carriego fue la casa de Evaristo Carriego, uno de los primeros poetas de las letras argentinas. Es en un punto de referencia para las letras latinoamericanas.

 


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: